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Póster de Gone with the Wind
№002 · PROGRAMA DE MANO

Gone with the Wind

Calificacion
9
Director
Victor Fleming
Duracion
3h 58′
Ano
1939
Origen
🇺🇸
Camara
Technicolor 3-Strip, fílmica
Publicado

Qué decir de una película tan exitosa y atemporal como “Lo que el viento se llevó”. Siendo hasta el 2018 la película más taquillera de toda la historia, y solo superada por “Avengers: Endgame”, esta obra increíblemente producida por David O. Selznick es una de las películas más habladas y analizadas de toda la historia. Pero lo más razonable que se pueden preguntar cuando suelto nombres como “David O. Selznick” o expresiones tan grandilocuentes como “increíblemente” es… ¿Quién fue David O. Selznick? ¿Por qué no nombró al director? Empecemos por ahí.

La idea del único autor es un tema bastante polémico y con diversas opiniones dentro del mundo del cine. Del arte en general en realidad. La existencia de un solo autor responsable sobre todo lo que corresponde a una pieza artística puede resultar algo obsoleta, pero definitivamente sigue viva y presente dentro de la sociedad actual. En un film hay siempre muchísima gente que participa del rodaje, desde los técnicos (que a veces son cientos), los actores, los productores. En fin, muchísima gente involucrada. Pero si hay que elegir un único responsable del éxito o el fracaso de una obra, se suele seleccionar a la persona que lideró de alguna manera todo el proceso artístico, que suele ser el director de la película. Aun así, no siempre es ese el caso, con producciones como las películas de Marvel, más conocidas por su sello de superhéroes en general que de las visiones de sus directores en particular.

Pero lo que hoy nos puede resultar molesto, es decir, que un director no tenga libertad creativa para desarrollar su propia visión, no siempre fue así. Y mucho menos si tenías de productor al señor David O. Selznick. No solo conocido como el productor de la película de la fecha, este señor tiene en su curriculum películas como “Rebecca” de Alfred Hitchcock, con quien se peleó luego por diferencias creativas, el western “Duel in the Sun” de King Vidor, con quien se también se peleó por diferencias creativas, la película de cine negro “The Third Man” de Carol Reed, con quien se peleó por – sí, de nuevo, diferencias creativas. Tener un productor tan involucrado obviamente benefició a todas estas grandes películas, principalmente porque había una misma visión desde el momento en que se compraban los derechos hasta la sala de edición, pero esta era tan dura e inamovible que conflictuaba con todas las personas que se involucraban en el medio.

Fotograma de Gone with the Wind

Obviamente, “Lo que el viento se llevó” no fue la excepción. La película tuvo 3 directores, 3 directores de fotografía y hasta 6 guionistas distintos, todos contratados para rehacer y mejorar el trabajo del anterior, en busca de poder llevar a cabo la visión del productor. Esta noción del productor como único autor del film también contribuyó a un nivel de trabajo elevado en todos los aspectos de la producción. En el casting, por ejemplo, se dice que entrevistaron a alrededor de 1400 personas para el rol de la protagonista, finalmente interpretada por la para ese momento desconocida Vivien Leigh. Pero ya que estamos hablando de protagonistas, dejemos un poco de lado estos “datazos” que contextualizan el film y entremos ya a hablar de la película en sí misma.

Y que mejor forma que describiendo el enorme personaje de la protagonista de esta historia. “Lo que el viento se llevó” cuenta la historia de Scarlett O’Hara, una joven mujer sureña que durante 1861 vive en su elegante mansión y goza de todos los lujos de los que puede gozar. Tiene todo lo que quiere, hasta que se enamora de Ashley (que es un nombre de hombre, aclaro por si la época no se los aclaraba ya) quien está a punto de casarse con otra mujer. Eso, que funciona como la trama principal en un principio, termina siendo la estructura de una historia mucho mayor, ya que para los que saben algo de historia estadounidense, justo en 1861 estalla la guerra de secesión, donde todos estos privilegios sureños que mantenían estas enormes mansiones iban a ser derrotados en manos del ejército “yankee”, los abolicionistas de la esclavitud.

Fotograma de Gone with the Wind

La guerra desencadena una montaña rusa de situaciones, emociones y pequeñas historias que van formando la gran historia de supervivencia, mientras que presenciamos el proceso de transformación sobre la niña mimada que veíamos al principio de la película hasta la mujer independiente, manipuladora, pero, sobre todo, imponente. La construcción interpretativa realizada por la desconocida Vivien Leigh, junto al enorme personaje elaborado en el guion forman una de las actuaciones más impresionantes de toda la historia del cine, que como decía al principio de este párrafo, lleva al espectador por una innumerable cantidad de situaciones y emociones distintas. Por momentos es una película de amor, de guerra, de aventura, de suspenso. Sucede de todo, y todas las transiciones son acompañadas por este increíble trabajo actoral.

A eso se le suma unos muy buenos secundarios que, a pesar de no robarle en ningún momento el protagonismo a Vivien, se destacan prácticamente todos por igual. Clark Gable, que llegaba como la estrella del film, no hace agua alguna con una interpretación igual de polifacética que la de Vivien, pero el trabajo de Leslie Howard como Ashley, Olivia de Havilland (que falleció muy recientemente con 102 años de edad) como Melanie Hamilton o Hattie Mcdaniel como Mammy es igualmente muy destacable. Pero es con esta última, la actriz afroamericana Hattie Mcdaniel, donde deberemos detener el análisis y ya hablar del enorme elefante debajo de la mesa.

La semana pasada hablábamos de una película que tranquilamente podría mostrarse en doble programa junto a “Lo que el viento se llevó”, si no fuera por sus extensas duraciones, que era “El nacimiento de una nación” (1915). Ambas fueron impresionantes éxitos de taquilla, siendo justamente “Lo que el viento se llevó” la primera en romper el récord de más tickets vendidos que había hecho su antecesora, casi 25 años atrás. Pero, además de ser comercialmente impresionantes, ambas transcurren en la misma época, siendo esta la famosa guerra de secesión. En esta guerra civil, los estadounidenses se dividieron en dos. Unos querían abolir la esclavitud, y otros querían “mantener sus derechos” a tener esclavos.

Fotograma de Gone with the Wind

Pero, a pesar de transcurrir en la misma época y estar situadas del mismo lado de la guerra, es innegable que el racismo de la primera, en la cual recordemos, los héroes de la historia son literalmente el Ku Kux Klan, no tiene nada que ver con el racismo que puede llegar a tener la segunda. Pero, lo que también es innegable, es que en las dos el racismo existe. Ya de por si, en la novela original que Selznick compró, la historia es increíblemente racista y tiene muchísimas mas menciones al infame clan y la relación de este con sus protagonistas. Selznick, al leer todas estas menciones y recordar lo polémico y complejo que fue el estreno de aquella “El nacimiento una nación” probablemente cortó muchas de estas subtramas adrede, como se puede ver en el film, pero eso no le quita la base racista que se propone en la película final.

Al comienzo mismo del metraje, sin que aparezca ningún personaje y, por lo tanto, sin ninguna perspectiva establecida todavía, los títulos que van detallando el elenco terminan con un texto que habla de una sociedad que se la llevó el viento, donde existieron los últimos caballeros y donde realmente la valentía y el honor daban su último flechazo. Palabra más, palabra menos. Ya desde ese texto, totalmente fuera de la diégesis, la película se perfila políticamente para un lado. Eso no quita que, obviamente, sería irreal ver una familia esclavista que en el medio de la guerra decidan ser pro-abolición y se den cuenta que lo que hacían estaba mal. Pero, como jugamos la carta de qué sería o no sería realista, tampoco podemos dejar pasar toda la romantización que la película propone hacia la época previa a la guerra.

Personificado de alguna forma en el amor que tiene Scarlett hacia Ashley, su amor imposible, la protagonista añora una época que como decían los títulos, se la llevó el viento. Una época plagada de familias destruidas, linajes desaparecidos y una total falta de humanidad. Pero todo esto obviamente no está en la película. En este caso, los afroamericanos solo aparecen como sirvientes amigables y chistosos, que casi forman parte de la familia y que hasta en algún momento del film un blanco dice una expresión como “pensaba liberarlos igualmente antes de la guerra”. Puede que no tengamos las juntadas violentas y asesinas que veíamos en “El nacimiento de una nación” donde los afroamericanos perseguían blancos para robar, violar y mutilar sin humanidad alguna, pero reflejar una sociedad tan desigual con tanto edulcorante claramente no es algo que esté bien.

Fotograma de Gone with the Wind

Y ahí es cuando tenemos que sentarnos a hablar realmente del problema de “Lo que el viento se llevó”. Porque un espectador crítico puede sentarse, ver la película, y comprender las influencias racistas que tiene en la trama, pero no todos los espectadores son iguales ni tienen el mismo conocimiento sobre la historia. Si uno viera la película sin saber nada sobre la guerra civil, se podría pensar que los abolicionistas eran realmente un malvado grupo que les quitó derechos a la sociedad blanca y que tenía como único objetivo el derrocar las enormes mansiones mantenidas por sus esclavos. Pero claro, la película se cuenta desde la perspectiva de los confederados, tiene sentido que su perspectiva sea así. Es como querer contar una historia sobre el nazismo, desde la perspectiva de Hitler, y a su vez ver un Hitler preocupado por sus acciones antisemitas. Pero el tema en cuestión es que no todo lo que vemos está bien.

Uno de los problemas de la masividad en el consumo en el arte se da justamente con la banalidad del mismo. ¿Cuánta gente que vio “Lo que el viento se llevó” abrió el Google y buscó un poco sobre la guerra de Secesión? Sus causas, sus consecuencias. ¿Por qué tardó tanto en comparación con otros países? ¿Qué relación tiene esta tardanza con la discriminación actual a los afroamericanos estadounidenses? ¿Cómo es la discriminación en mi país? ¿La policía también gatilla sin pensar? Estas son algunas de las infinitas preguntas que le pueden surgir a alguien luego de ver una obra como “Lo que el viento se llevó”. La simple curiosidad de querer entender el proceso histórico, de poner en duda lo que uno ve y de llegar a sus propias conclusiones.

Fotograma de Gone with the Wind

Lo que hizo HBO Max cuando eliminó por unos días “Lo que el viento se llevó” para reintroducirla con un video de 4 minutos explicando su contexto puede que sea positivo, pero al fin de cuentas no es suficiente. Es imposible etiquetar todos los problemas de representación de la historia del cine. Qué estoy diciendo por favor, es imposible porque al día de hoy los afroamericanos solo aparecen en el cine para “hacer de afroamericanos”. Ni hablar del rol de la mujer en la historia del cine y en la actualidad. No se puede etiquetar todo con una advertencia. El espectador debe poder tener una visión crítica. Si lo llevamos de la mano y le decimos que está bien y qué está mal, el día que no haya nadie para marcárselo, no podrá discernir entre el contenido de algún vídeo de youtube que niega el holocausto y la obra maestra de Spielberg que tuvo años y años de investigación sobre el nazismo.

¿Sirvió lo que hizo HBO? Si, porque abrió las puertas a la conversación. Hoy en día miles de personas que no habían visto la película puede que la hayan querido ver y hayan querido comprender su contexto. Puede que hasta alguno haya abierto Wikipedia y haya buscado la guerra de secesión. Pero el real cambio debe venir inequívocamente de la educación. Debemos replantearnos cómo consumimos lo que consumimos. Debemos repensar por qué disfrutábamos lo que disfrutábamos y por qué puede que ya no lo disfrutemos más. Debemos evolucionar como una sociedad crítica porque si no lo hacemos, algún día dejará de estar de moda señalar y las plataformas ya no borrarán el contenido. Y lo volveremos a consumir, sin contexto alguno, sin saber qué está bien y qué está mal.

“Lo que el viento se llevó” es una obra maestra del cine. Su fotografía es impresionante. El color es impresionantemente bello. Sus personajes son profundos y complejos. Sus 4 horas de duración pasan como agua y son sencillamente atemporales. A su vez, es racista. Lo era hace 30 años, hace 50 y cuando salió. Hoy, quizás, lo podemos ver. Intentemos que podamos verlo mañana.