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Póster de The Mitchells vs. the Machines
№003 · PROGRAMA DE MANO

The Mitchells vs. the Machines

La hegemonía digital

Calificacion
8
Director
Mike Rianda
Duracion
1h 54′
Ano
2021
Origen
🇺🇸
Camara
Animación digital
Ciclo
Vamos viendo
Publicado

En un año todavía repleto de incertidumbres, finalmente Sony Pictures Animation le concedió los derechos de La familia Mitchell vs. las máquinas a Netflix, para que todos podamos verla desde nuestros sillones y sillas favoritas del hogar. Pero, ¿es esta propuesta una película que vale la pena ver, o es una película para dejarle de fondo a los chicos mientras hacemos otra cosa?

La animación digital que comenzaba a volverse hegemónica a finales del siglo XX con Toy Story (1995) tuvo una situación muy particular con la llegada del siglo XXI. Por un lado, erradicó prácticamente en su totalidad a cualquier otro formato que no siguiera su tecnología 3D, que Dreamworks y Pixar desarrollaron con supremacía. Por otro lado, esta hegemonización de un estilo terminó provocando en una innegable repetición con el transcurso del siglo actual. Las películas de animación se convirtieron en meras películas de conceptos, algunas más originales que otras, pero todas con un desarrollo banal y un final emotivo. Este formato, repetido en la última década de Pixar, terminó siendo la norma, con un éxito rotundo en taquilla, pero poco más.

La cuestión técnica, eso sí, no paró de mejorar, hasta el punto de que el fotorrealismo alcanzado en obras como Toy Story 4 es una hazaña aplaudible como poco. Sin embargo, nadie recuerda hoy Toy Story 4 como una de las mejores películas de la franquicia, sino como un intento de Pixar de ganar aún más de lo que ya ganan. El problema, aún así, no es la hegemonización de la estética digital. Esa cuestión queda como algo menor cuando se entiende la industrialización de las estructuras narrativas como lo nocivo que puede resultar.

Fotograma de The Mitchells vs. the Machines

La familia Mitchell vs. las máquinas no viene a romper nada de lo planteado más arriba. Sus estructuras narrativas son igual de industriales que cualquier otra propuesta del género. Pero todo lo demás lo lleva al siguiente nivel.

La dirección artística continúa el camino iniciado por Sony Pictures Animation con Spider-Man: Into The Spider-Verse. Esquivando ideológicamente lo propuesto por el fotorrealismo de Pixar, la animación aboga por auto-asumirse como dibujo y jugar con la forma de los mismos. La película, consciente de ser animada, continuamente tiene guiños y elementos que desde fuera de la diégesis recuerdan que estamos viendo algo animado. Este recurso casi de Monty Python le permite un enorme abanico de posibilidades visuales, que se traduce en un soplo fresco en cuanto a lo visual.

Fotograma de The Mitchells vs. the Machines

Los personajes, por otro lado, lidian con problemas reales dentro de la fantasía propuesta por el film. Los conflictos de la relación entre el padre y la protagonista funcionan como la estructura ósea del film, que dedica secuencias enteras a mostrar cómo sus personajes yerran y se equivocan por la falta de empatía. Ninguno de los dos tiene la razón, y es en esa humanidad donde se encuentra uno de los más grandes aciertos de la película. Aquí no hay personajes sabelotodos que aleccionen e iluminen el camino, sino que la misma acción es la que demuestra y corrige los errores de sus protagonistas.

También existe en la película una comprensión del mundo actual tan pura que deja mucho que desear a propuestas muchísimo más “serias” de la ciencia ficción o del terror. El uso de celulares —cuestión que la mayoría de las películas todavía no terminan de resolver— está retratado con una precisión inusual. El miedo tecnológico, la monopolización de la tecnología y las familias disfuncionales están también retratados con buena mano. Son temas que la película no tira al asador como meros selling points, sino que, dentro de las posibilidades, se dedica a analizarlos, ponerlos en contraste y desarrollarlos efectivamente. Si a esto le sumamos una tonelada de referencias cinéfilas, nos encontramos finalmente con una obra totalmente apasionada por el séptimo arte.

La familia Mitchell vs. las máquinas no viene a romper ninguna estructura. A pesar de todos estos elementos, la historia empieza y termina de manera similar a cualquier otra del género. No hay nada realmente revolucionario como lo supieron ser Toy Story o Shrek. Pero el aire fresco que exhala este film le volaría la polvorienta peluca a más de un trajeado de los grandes estudios. Porque todo esto está inmerso en una película totalmente pensada para ser vista por el público infantil, pero sin que eso signifique un achatamiento en la propuesta artística. Probablemente eso sea con lo que haya que quedarse, y que muchos olvidan o prefieren pasar de largo. El cine de animación también es cine. Y en este caso, es muy bueno.